Cuando la textura enamora: cómo los sentidos dictan el éxito de un producto

Avatar de Ana Rodríguez

Durante la más reciente edición del Food Tech, uno de los temas que más resonó entre expertos, marcas y desarrolladores de alimentos fue la textura. Ese atributo se ha convertido en un factor decisivo en la experiencia del consumidor y, en muchos casos, en la razón principal detrás de una compra o de su repetición.

Hoy sabemos que la textura no solo se percibe: se siente, se disfruta y se recuerda. De acuerdo con estudios recientes de Ingredion, el 79 % de los consumidores afirman que la textura determina, total o parcialmente, su satisfacción general al consumir un producto. En un mercado donde los consumidores demandan alimentos más saludables, indulgentes y con etiquetas limpias, la textura se ha transformado en el puente entre la expectativa y el placer sensorial.

Para las empresas proveedoras de soluciones alimentarias, este atributo es crucial. Estudios de Ingredion revelan que, para el consumidor mexicano promedio, la textura ocupa el segundo lugar en importancia, al consumir un alimento, sólo por debajo del sabor. En otras palabras, si la textura no agrada, el consumidor simplemente no come. Incluso si la textura no satisface, el consumidor no vuelve a comprar.

Sin embargo, la textura va mucho más allá de ser un atributo físico o técnico. Es una puerta emocional que conecta al alimento con las sensaciones más profundas del consumidor. ¿Quién no se ha sentido reconfortado en un día frío al disfrutar una sopa caliente, cremosa y espesa? Esa experiencia táctil y emocional no solo nutre el cuerpo, sino que también alimenta el bienestar. La textura, entonces, se convierte en un factor de conexión emocional y memoria gastronómica.

Las texturas más populares en nuestro país son suave, cremosa y crujiente, mientras que las menos populares son grasosas, pegajosas y aceitosas. Las categorías donde los mexicanos encuentran la textura muy importante son: yogurt, gomitas, queso, aderezos y panificación, lo que nos deja ver el amplio potencial que tienen nuestras soluciones en el mercado.

Las nuevas generaciones (la Generación Z y los millennials) están redefiniendo las reglas del juego. Son consumidores curiosos, abiertos a experimentar y cada vez más interesados en sabores y texturas inusuales. En México, cuatro de cada diez consumidores buscan experiencias “divertidas” a través de alimentos multitexturas y multisensoriales: crujiente y crocante, suave y cremoso, esponjoso y fresco.

Esta tendencia se refleja también en las redes sociales, donde proliferan los contenidos que combinan gastronomía y sensorialidad: videos tipo ASMR que exaltan el sonido de una corteza crujiente de un pan recién horneado o el sonido constante consumir unas frituras perfectas. La textura, en el mundo digital, se convierte en espectáculo y deseo, y en una poderosa herramienta de marketing sensorial.

Vivimos en un contexto acelerado, donde el consumidor exige practicidad sin renunciar al placer. Los alimentos deben ser saludables, convenientes y al mismo tiempo estimulantes para los sentidos. Esta exigencia impulsa a las empresas del sector alimentario a innovar constantemente, desarrollando soluciones que integren ingredientes funcionales, procesos sostenibles y texturas multisensoriales capaces de sorprender en cada bocado.

La industria de la panificación, por ejemplo, tiene un enorme potencial de crecimiento en este sentido. El 60 % de los consumidores compra pan o productos horneados al menos una vez por semana, lo que convierte a este segmento en un terreno fértil para la diferenciación a través de la textura. En panadería dulce o salada, una miga esponjosa o una corteza crujiente pueden definir la decisión de compra.

Además, los consumidores muestran una clara preferencia por opciones con “claims” saludables, como “bajo o reducido en azúcares”, sin sacrificar el placer de la textura. De hecho, más del 60 % de los consumidores está dispuesto a pagar hasta un 30 % más por un producto que garantice una textura delicada y uniforme. En este contexto, el reto para las marcas es equilibrar indulgencia, salud y experiencia sensorial.

El desafío actual no consiste solo en crear productos que atraigan, sino en ofrecer experiencias que conquisten y fidelicen. Los consumidores de hoy no buscan únicamente sabor: buscan experiencias completas, donde el tacto, el sonido y la sensación en boca formen parte de un todo coherente. Ojo: 80% de los encuestados en este estudio recomendarían el producto si su textura fue de su agrado.

Para las empresas que desarrollan ingredientes, harinas, estabilizantes o sistemas de formulación, esto representa una gran oportunidad, pues la innovación en texturas permite potenciar la creatividad de los socios comerciales, ampliar portafolios y responder a las nuevas tendencias con productos más naturales, sostenibles y emocionalmente gratificantes.

La textura ya no es un detalle técnico relegado al desarrollo de producto; es el nuevo lenguaje de la experiencia alimentaria. En un mundo donde los consumidores buscan autenticidad, bienestar y placer, dominar ese lenguaje puede marcar la diferencia entre un producto que se prueba una vez y otro que se convierte en favorito.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *