En Asturias, la formación no se queda en los hornos, ni en los escritorios, ni en las maquinas: se vive, se amasa y se hornea. Así lo demuestra “Manos a la Masa”, un programa de capacitación que ha transformado la forma en que los colaboradores se acercan al mundo de la panificación.
Detrás de este proyecto está Xóchitl Venegas, quien desde hace poco más de ocho meses coordina el área de Formación y ha logrado convertir una idea en una experiencia integral de aprendizaje. Más que un curso, Manos a la Masa se ha vuelto un punto de encuentro entre la tradición, la técnica y el trabajo en equipo.
“Manos a la Masa llegó para quedarse”, cuenta Xóchitl. El programa nació como una necesidad dentro de los planes de crecimiento de la empresa a cinco años. Francisco Fernández, con su visión a futuro, detectó un área que necesitaba fortalecerse: la capacitación. Hasta ese momento no existía una figura dedicada a estructurar los planes de formación, y el conocimiento sobre panificación se adquiría de manera empírica, de persona a persona.
La solución fue crear un curso básico, accesible y estandarizado que permitiera a todos (desde el equipo de ventas hasta las nuevas incorporaciones) entender los fundamentos de la panadería. “Si no conoces tu producto, es muy difícil convencer y enamorar al cliente”, explica Xóchitl.
El primer grupo se formó en mayo de 2025, con apenas cinco participantes. Hoy, el programa ha capacitado a 194 colaboradores, alcanzando al 80% del área de ventas y extendiéndose a otras áreas como Atención a Clientes, Marketing, Recursos Humanos, Calidad y Distribución.
El curso se imparte en dos días. El primero es teórico: historia del pan, emociones asociadas, ingredientes y su rol en la receta. “Me gusta recordarles que somos generadores de emociones; ayudamos a crear tradiciones familiares”, comenta Xóchitl.
El segundo día, los participantes se ponen literalmente manos a la masa. Aprenden los procesos de amasado, fermentación y horneado, y elaboran bizcochos, pasteles, pizza y hasta croissants. “El momento de cocinar juntos es mágico; muchos descubren habilidades que no sabían que tenían”, cuenta.
Las sesiones no son clases convencionales. Incluyen juegos, crucigramas y una lotería del pan, para hacer del aprendizaje algo ágil y divertido. Al final, cada participante recibe un diploma con valor curricular, un reconocimiento que (además de la satisfacción) ha abierto puertas dentro de la empresa.
Lo que comenzó como un programa piloto hoy tiene varias versiones:
- “Manos a la Masa”, el curso base dirigido a ventas.
- “Manos a la Masa Técnicos”, enfocado en homologar el conocimiento de los especialistas en panificación.
- “Manitas a la Masa”, una versión infantil para los hijos de colaboradores, donde se fomenta la creatividad y se transmite el amor por el oficio desde temprana edad.

Y esto es apenas el inicio. En los próximos años, el plan contempla una segunda etapa más técnica, orientada al conocimiento profundo de producto por Unidad de Negocio. Habrá módulos específicos sobre mixes, levaduras, masa madre y mantequillas, entre otros temas, con el fin de construir una fuerza de ventas que no solo venda, sino asesore y acompañe al cliente con conocimiento y confianza.
El impacto del programa va más allá de la capacitación técnica. “He visto cómo cambia la actitud de la gente: llegan sin ganas y se van motivados, orgullosos de lo que aprendieron”, dice Xóchitl. Los efectos son tangibles, por ejemplo, una promotora que, tras el curso, realizó degustaciones con más seguridad y logró vender toda su caja de Crem Olé a cliente. Otros participantes han fortalecido la comunicación entre áreas, resolviendo dudas o problemas que antes solo se discutían por correo.
El curso también fomenta integración y sentido de pertenencia. Al compartir un espacio fuera de la rutina diaria, los colaboradores se conocen mejor y descubren que, aunque trabajen en diferentes áreas, comparten la misma pasión por lo que hacen.
Implementar un programa de este tamaño no ha sido sencillo. La disponibilidad de espacios, la asistencia y la logística han sido algunos de los retos más importantes. Sin embargo, el entusiasmo del equipo ha permitido superar cada obstáculo. En algunas ciudades, como Monterrey y Oaxaca, las capacitaciones se han realizado en colaboración con asociaciones de rehabilitación que en sus programas de reinserción social enseñan el oficio de panadero. A cambio del uso de sus instalaciones, se genera un intercambio de valor y experiencias humanas que enriquecen a todos los involucrados.
El horizonte está claro: para 2030, la meta es que todos los colaboradores de Asturias se capaciten y evolucionen hacia un perfil más técnico y consultivo. “Queremos pasar de ser vendedores a ser asesores”, explica Xóchitl. “No se trata de preguntar cuántas cajas quiere un cliente, sino de entender qué necesita y cómo podemos ayudarlo desde nuestro conocimiento del producto”.
Próximamente, la empresa contará con un espacio de capacitación y showroom en Lasem, diseñado para impartir cursos especializados y fortalecer la formación continua. La visión es construir una cultura de aprendizaje permanente, donde cada colaborador se sienta valorado y preparado para crecer.
Cuando se le pregunta a Xóchitl cuál es su producto favorito, no duda: “Las mantequillas, especialmente la Premium. Con ella hacemos croissants espectaculares”. Esa misma pasión por el detalle y la calidad es la que impulsa Manos a la Masa: un programa que no solo enseña a hacer pan, sino que forma personas, une equipos y alimenta el orgullo de ser parte de Asturias.


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